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Wealth Management: Perspectivas de mercado - Davides y Goliats

Davides y Goliats

Kevin Gardiner y Victor Balfour

Prefacio

Algunas ideas que se debaten en los mercados financieros pueden ser una pérdida de tiempo: la teoría cuantitativa del dinero, la bomba demográfica, las teorías «austriacas» sobre los tipos de interés, la Q de Tobin… y nuestra obsesión con los flujos de los mercados.

Nadie sabe a ciencia cierta quién compra acciones y por qué. El capital flotante del mercado es grande comparado con los actores individuales y los datos sobre flujos son deficientes porque son incompletos, tardíos y, en ocasiones, internos (es decir, potencialmente incompatibles).

En eso se diferencia del mercado de renta fija, donde los compradores de gran tamaño y con mandatos (inversores que deben atender pasivos y bancos centrales) son importantes. Todavía tenemos que ver qué ocurre cuando la economía presione con más fuerza a esos grandes compradores. A este respecto, pensamos que la suma de sus posiciones no conseguirá mantener fijos los rendimientos permanentemente, aunque han influido claramente en los precios de los bonos hasta ahora.

Así pues, podría no haber muchas cosas útiles que decir sobre los tejemanejes en los que se han visto envueltos una cadena estadounidense de tiendas de videojuegos y fondos de inversión libre con apuestas bajistas. La bolsa está cara, ciertamente, y el mercado ha dado algunas muestras de debilidad últimamente, pero nos sorprendería que el futuro del S&P 500 se decidiera en los chats de inversores minoristas.

No deberíamos dejarnos llevar por el interés humano. Los inversores bajistas, que nunca ganarán certámenes de popularidad, aportan liquidez, pero también arrastran cierto riesgo moral y ¿quién no disfruta de la imagen de las hormiguitas teniendo por fin su venganza? Sin embargo, esa imagen podría haber pasado por el Photoshop y la revolución financiera de una persona es la acción
concertada de otra.

Esperamos que las hormiguitas pudieran salir del edificio en llamas con la misma rapidez con la que entraron, pero sospechamos que este episodio terminará en —un baño de pequeñas— lágrimas.

El conjunto de la bolsa no es en absoluto inmune a las modas, las burbujas... y los hundimientos. Tal y como las vemos, las valoraciones medias son elevadas, pero no descabelladas, sobre todo si los beneficios rebotan (aun) más fuerte de lo que hemos venido pronosticando.

Esta posibilidad parece cada vez más plausible, a pesar de la segunda oleada de contagios y las nuevas variantes del virus. Las predicciones presentadas con pesimismo por las instituciones oficiales y transmitidas con deleite por los medios no encajan con los datos más recientes. En EE. UU., las encuestas empresariales no apuntan a un nuevo descenso en el primer trimestre, sino a un fuerte crecimiento. A mediados de año se podrían alcanzar niveles anteriores a la crisis en el PIB estadounidense.

Como consecuencia de ello, pensamos que el principal riesgo para las bolsas procede no ya de los foros de Internet o de una recaída, sino de una posible reconsideración de los tipos de interés. Si los beneficios están creciendo a buen ritmo cuando eso ocurra, el suelo podría acercarse a nosotros.

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